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jueves, 21 de enero de 2010

Incrustaciones

Página 33
Agua fresca.
Te pido que fluyas.
Como todo en el mundo.
Que te vayas.

Sin embargo,
tengo mucha sed.
Sé que lo natural
es que continúes.

El aire asfixiante y denso,
que se estanca entre
el pavimento y nuestras narices,
me hace sentir
realmente mal.

Estas acá,
dentro de mis párpados,
mojándolos.
No puedo beber de tu incorpórea hermosura.
Tan solo,
porque no te acercas a mi boca.

Vivo transpirado.
Estacionado en el vestíbulo del Gran Desierto.
Constantemente la humedad,
la frescura,
se van de mi cuerpo.
Cada movimiento
es pensado dos veces.

Hace ya incontables lustros
que solamente recuerdo tu sabor.
Continuo resquebrajandome.
Ahora me contento con mojar mis pies.
Aunque sea solo por un segundo.
Un pequeño roce,
con eso me basta.
Y en ese fugaz instante
te contaré infinitos relatos.
Para ponerte al corriente,
Agua fresca.

martes, 19 de enero de 2010

Angel Carranza y Voltaire

Una mujer
de vestido color salmón
andando en bicicleta.


Mira haciatras.
Pasa frente a mi como en cámara lenta.
Mirando haciatras.
Siempre haciatras.
Esperando algo.


Me muestra su cuello estirado.
Dando forma a una gran escultura.
Mejor dicho,
creando una imagen,
una composición,
una fotografía simétrica y fulgurosa.


Rota su cabeza unos 135°,
ahora mirando haciadelante.
Vector dirección.
Su pelo acompaño la movilización.
Dos mechones obscuros y ondulados,
complementaban un largo rostro,
delgado y poblado por dos presentes cejas.
Y así se alejo,
lamentablemente,
de mi corto campo visual.


Junto a mi,
corriendo,
pasó un perro de tamaño pequeño,
color castaño anaranjado,
con un rockero pañuelo violeta
rodeando su cuello.
Y corría,
tratando de alcanzar la bicicleta.
Afortunado él.

jueves, 14 de enero de 2010

Todo el día me pregunto

Mas y mas,
nunca se detendrá.
Como el viento,
el tiempo,
sabe volar.
(y lo hace realmente aprisa).
En algunas ocasiones,
sopla ferozmente
causando destrozos varios,
en tantas otras agrieta
tan solo mi cara.
A su paso.

Para una noche de verano,
no hay nada mejor que la frescura nocturna.
Alivia la sangre
y enfría los adoquines
(expuestos diariamente a la atención del sol).
Bermudas y remera.
La mayor comodidad.
Caminando en contra, por la vereda
y en sentido del viento, por la calle.
Idas y venidas.

Yo me pregunto si este viento llagará
ha otros lugares.
Llegar cuando la niebla matinal se incorpora.
Llegar al son del gallo.
A lugares donde la tierra predomina,
la tierra húmeda y agusanada,
que vive y que respira.
Rodeada de aguas.
Un gran trozo de tierra palpitante
emplazado entre dos ríos.
El Paraguay y el Guayquiraró.
Que no dejan de fluir, de correr.
Que se dejan escuchar,
se presentan al adormecido oído urbano.

Yo me pregunto:
si estas palabras que caen de mi boca,
y pretenden emprender vuelo
pero que inmediatamente
se ven embolsadas por una ascendente corriente
que las lleva estrepitosamente por los espacios y los tiempos,
llegaran a tocar la puerta de tu cabaña.
Esa que se encuentra al lado de un río,
en una agradable noche de verano.

martes, 1 de diciembre de 2009

Blues

The blues



El blues es sangre y sudor.

Lamento oprimido

Que estalla en la noche.



Ritmo del corazón,

Que acompaña al humano

desde los tiempos sin tiempo.



Empapado en alcohol y sensualidad.

El blues abraza

todos los rincones del mundo,

Con sus inmensas manos

Y despellejados dedos.



Nos mira,

mientras se mece,

detrás de sus lentes negros.

Y se sonríe,

la cuestión

ha cambiado muy poco.



En el Delta.

En los campos de algodón.

Cruzando el océano.

En las afueras de la inmensa ciudad.

Dentro de mi cabeza.



Entre personajes marginales.

Entre intelectuales seudo-bolches.

Entre almas solitarias

Y agobiadas de tanto cemento

(sobre sus espaldas).

Entre corbatas y zapatos.

Entre las piernas de algún ser,

Florece su vitalidad

(y se hace oír).



Armado con filosas guitarras,

Oxidadas armónicas,

Zumbantes trompetas,

Decadentes teclados,

Percusiones vitales,

Platillos repiqueteantes,

Bajos punzantes,

Slides deslizantes

Y

Con un fuego avasallador

Que brota desde las entrañas

Del malestar general.

El blues planta su arsenal,

Para romper con la monotonía

Mediocridades diarias.

Y, así, devolvernos el pulso.