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jueves, 21 de enero de 2010

Violenta ciudad

EL SUBURBANO
PRIMATE


-Me lastimas!!!
-Pero vos ya sabes...
-No, No, VOS YA sabes que soy asmática.
-pero yo te dije.
-Y ME AGARRASTE DEL CUELLO!!!
-Pero...
-ANDATE, SALÍ!!!
DEJAME EN PAZ!!!

Aunque ella gritaba y se angustiaba cada vez mas.
Él, grande como un tanque de agua, la seguía de muy cerca.
De vez en cuando la tironeaba del antebrazo.
Pero ella rápidamente se lo sacaba de encima.

Ella frenaba, se alejaba y se apresuraba,
para nuevo detenerse.
No sabia que hacer.
Se encontraba a segundos de arrojarse al suelo
para llorar y estallar como nunca lo hizo en su vida.

Como si se hubiesen congelado,
sus brazos se encontraban flexionados por los codos
como sosteniendose la garganta.
Pero sin tocar la piel,
ella ya había sufrido demasiado.

La cobardía del periodista
en ciertos momentos es considerable,
aunque tenga un pedazo de baldosa en el bolsillo.
Y eso que no era supersticioso.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Incrustaciones

Página 51

Vuelvo a escuchar la canción.
Veo la foto y la traducción.
Leo y releo.
La cabeza me esta por explotar.
Oh oh oh
Por qué nos fugamos?
para ser recuerdo.

Página 201

No puedo dejar de caminar la calle,
las mismas calles, todos los santos días.
Caminatas nocturnas predestinadas.
Cada punto tiene su asociación,
instantánea, directa y fugaz.
Por sobre todo fugaz, pero no por eso dejara de marcar.
Una esquina en la que nos encotramos,
una linea de colectivo,
una estación de subterráneo,
una parada de bondis, específicamente, en la cual llego a tal punto de delirio,
que las piernas se me aflojan,
observando todo atentamente,
cada persona sentada en la pizzeria,
cada persona que camina por la cuadra o por la de enfrente
(de la mano de esa casa de dos pisos que tanto terror me genera),
cada persona que viajan en esos escarabajos lateros, ya vayan para quilmes o palermo.
A esta altura todo da igual.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Incrustaciones

Página 29

Pasmado y atareado me senté lentamente en el centro de mi cuarto.
Miré fijamente las tablas de madera que conforman el piso
(y todos sus intersticios).
Marrillento muy claro con retazos de marrobscuro.
Coloco el sifón en el suelo, con su correspondiente vaso.
Apago la luz, y me tiendo en el fresco suelo.
Recuerdo como en el verano arrojábamos el colchón al piso,
para que entráramos los dos.
Y para no sufrir tanto el calor de los cuerpos sudorosos,
de transpirar el cuero cabelludo hasta el punto en que nos llueve el tejado.
Igualmente eso no importaba mucho. El echo era vernos despertar.
Tal vez una, dos o mil veces.
La constumbre de tenerte a mi lado,
oculto la belleza de la simpleza, de lo espontáneo.

Prendo el ventilador y el turbo, como solíamos hacer.
Tomo un buen vaso de soda refrescante de un solo trago.
Apoyo la cabeza en el puf y en lo negro llego a diferenciar
el girar de las aspas.

Me reincorporo abruptamente,
recordé un error.
La planta del pie comenzó a sangrarme,
al inspeccionar mas de cerca se trataba de una astilla vidrasica.
La cual ingreso cortando tejidos,
y se alojo en el seno de mi carne palpitante y pensante.
Nunca